Blog | Estudia con Carmen
27. mayo 2026

De jugar a los profes a serlo de verdad

El momento en que supe que había nacido para enseñar

Hay personas que desde pequeñas saben exactamente para qué están hechas. Yo soy una de ellas, aunque tardé un tiempo en ponerle nombre.

No hubo un momento concreto, un rayo de luz ni una revelación. Fue algo que siempre estuvo ahí, tan natural que casi no lo veía. Desde pequeña, cuando algún compañerx no entendía algo, yo era la primera en acercarme a explicárselo. No porque me lo pidieran, sino porque quería. Porque me salía solo. Y en casa, el juego favorito era siempre el mismo: jugar a los profes. Yo, claro, siempre era la profesora.

Me gustaba buscar la manera de que lo entendieran. Probar otra explicación si la primera no funcionaba. Ver ese momento en que algo hace clic en la cabeza de alguien. Eso, para mí, era lo mejor.

Y luego estaba la papelería. Dios mío, la papelería. Las gomas nuevas, los bolígrafos de colores, los rotuladores, las carpetas... Me volvían loca. Todavía me vuelven loca, la verdad. Creo que en el fondo siempre supe que el mundo de la educación era lo mío porque hasta los materiales me emocionaban.

Cuando lo que estudias confirma quién eres

Cuando llegó el momento de elegir carrera, no tuve muchas dudas. Educación Primaria. Y desde el primer día supe que había acertado. No solo porque me gustaran las asignaturas o las prácticas, sino porque cada cosa que aprendía encajaba con algo que ya llevaba dentro. Era como si la carrera no me estuviera enseñando quién quería ser, sino confirmando quién ya era.

Las prácticas con niñxs fueron el momento definitivo. Entrar en un aula, conectar con ellxs, ver cómo aprendían, cómo crecían, cómo a veces algo que parecía imposible de repente tenía sentido para ellxs... No había ningún otro lugar en el mundo en el que quisiera estar.

El trabajo como vocación

Mis padres siempre me dijeron algo que se me quedó grabado, lo que querían para mí era que mi trabajo no fuera una carga. Que no me levantara cada mañana con desgana. Que encontrara algo que me hiciera feliz, no solo algo que me diera dinero. Y la verdad es que lo conseguí y se lo agradezco cada día.

Porque trabajar en educación no es fácil. Requiere paciencia, energía, preparación constante y muchísima entrega. Pero cuando lo haces desde la vocación, todo eso no se siente como un sacrificio. Se siente como parte de algo que tiene sentido.

Hoy

Hoy comparto mi tiempo con niñxs de entre 5 y 15 años, acompañándoles en su aprendizaje desde Estudia con Carmen. Cada clase, cada duda resuelta, cada alumnx que avanza me recuerda por qué empecé. A lo largo de mi carrera también he tenido la suerte de dar clases de español a adultos, una experiencia que me ha enriquecido muchísimo. Me encanta lo que hago. Lo adoro, con todas las letras.

Y eso, creo, se nota.

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